«Trabajaré por y para el cliente, como si de mí misma se tratara.»
Hace 14 años llegué a Sevilla con 22 años, un máster por delante y la idea de que iba a quedarme en Andalucía solo el tiempo de pagármelo. Era cordobesa, venía de una familia dedicada a la construcción y al sector inmobiliario, y eché currículums en muchas agencias porque era lo único en lo que tenía algo de oficio. Una de las que respondió fue Vivenzia Home.
Catorce años después, soy la Directora General. Esto es lo que pasó por el medio.
2012: una cordobesa de 22 años en Sevilla
Mi plan era acabar el máster y volver a lo que había estudiado, Psicología, en Granada. Vivenzia era un trabajo para pagar la matrícula, las facturas y la independencia que tener una habitación en Sevilla exige. Lo elegí porque era lo más parecido a lo que conocía de casa: en Córdoba mi familia había trabajado siempre en construcción e inmobiliario, así que un puesto en una agencia me daba un terreno ya pisado.
Entré como secretaria comercial. Tenía 22 años, era la pequeña de la oficina y, como diría mi padre, eso de «mandonear» me venía de fábrica. Lo asumieron con paciencia y, sin yo darme cuenta, lo aprovecharon.
2013: el año en que dejé de hacer planes para irme
No hay una conversación, ni una fecha, ni una decisión que pueda enmarcar. Pero hacia 2013 noté algo: cada vez tenía menos horas de máster y más responsabilidades en la oficina. Los gerentes me iban dando cosas — primero coger teléfono, luego publicar inmuebles, después coordinar visitas, más tarde ayudar a redactar contratos — y yo iba diciendo que sí. Sin darme cuenta, había dejado de ser una becaria con un contrato temporal y me había convertido en una pieza de la empresa.
El segundo punto de inflexión llegó un par de años después, cuando los gerentes contrataron a un consultor externo para auditar procesos. Su conclusión fue que yo intervenía en todos los procedimientos de la empresa, en todos. No era un cumplido — era un diagnóstico — pero me obligó a ver lo que ya era cierto desde fuera y a tomármelo en serio.
De secretaria a socia y madre
A los tres años conocí a Fernando, compañero entonces y gerente hoy. Es serio y distante en la oficina y todo lo contrario fuera: una de esas mentes que va por delante del sector — fue de los primeros Home Stagers certificados en España, fundamos Alianza Sevilla, llevamos años usando IA cuando casi nadie sabía de qué hablábamos. Nos casamos, tuvimos a Lucas y, poco después, a María.
Las dos maternidades fueron paréntesis profesionales pero también activadores. Durante la primera baja, vivía por Amate y salía a caminar largo cada mañana. Caminando me di cuenta de que no había competencia inmobiliaria seria en la zona. Esa observación, casi accidental, fue el origen de la apertura de nuestra segunda oficina en 2015 en Amate-Santa Aurelia. Una oficina pequeña, de barrio, donde solo cabemos tres personas, complementaria a la grande de Nervión.
Hace cuatro o cinco años, ya con la maternidad asentada y con un papel real en la dirección, me convertí en Directora General. No fue un nombramiento aspiracional: fue ponerle nombre a lo que ya estaba haciendo.
2020: el año en que todo podía caerse
Si tengo que nombrar un momento profesional duro, no dudo: marzo de 2020. El confinamiento fue largo, incierto, y para una agencia inmobiliaria el miedo no era solo sanitario. Pensábamos que el ladrillo iba a desplomarse, que la gente no iba a querer gastarse el dinero en comprar una vivienda sin saber qué iba a pasar al día siguiente.
Lo que pasó fue lo contrario, pero eso lo supimos meses después. En el medio, fueron semanas de ansiedad real y de decisiones difíciles que no aparecen en los manuales. Salimos adelante porque ya teníamos cinco años acumulados de cambios — la apuesta por el marketing digital de 2015, la apertura de Amate, el equipo formado en home staging, el catálogo digitalizado — y nada de eso fue casualidad. Fue exactamente la diferencia entre las agencias que sobrevivieron al 2020 y las que cerraron persiana.
Cómo es ser Directora General hoy
Un día normal en 2026 tiene tres bloques que dependen de mí y de nadie más:
- Una reunión diaria con el equipo completo, breve, para alinear lo que cada uno tiene entre manos.
- La asignación de clientes nuevos entre los asesores comerciales según perfil, especialidad y carga.
- Las creatividades y los vídeos de redes sociales, que diseño y publico yo personalmente. Es lo que nos diferencia visualmente del resto de agencias locales.
Después, todo lo demás: contratos, decisiones de inversión, conflictos del equipo, formación, lo que sea.
Si me preguntas qué aporto yo que Fernando no, te diría que una mirada más empática y humana para con el equipo. Él lleva la estrategia y la visión técnica del sector. Yo cuido la parte humana — del equipo y de los clientes — sin la que la estrategia se queda en plan sin gente que lo ejecute.
El equipo en 2026
Somos nueve. Una coordinadora. Cinco asesores comerciales (tres en Nervión, dos en Amate). Un director de oficina de Nervión que también lleva la parte financiera. Fernando como gerente. Yo como directora general. Una estructura pequeña, plana y consistente, donde cada persona sabe lo que hace y por qué.
Ser DG y madre a la vez
No es fácil. Las tardes son para Lucas y María, sí, pero los marrones de una agencia inmobiliaria no entienden de horarios. Hay días que estoy con mis hijos y me toca resolver algo urgente por teléfono, o salir a una reunión a deshora. Y no todo se soluciona en un minuto: muchas veces tienes la carga mental del problema rondando en la cabeza durante horas, metiéndose en la vida personal sin pedir permiso.
Lo acepto porque la otra cara es la que más pesa para mí: poder verlos en un teatro navideño, atenderlos por las tardes, estar yo misma si se ponen malos. Esa flexibilidad la compras pagándola con disponibilidad. Es un trato consciente.
Lo que le diría a la Laura de 22 años
Si tuviera diez segundos con una mujer joven que entra hoy a trabajar en una inmobiliaria — la nuestra o cualquier otra — le diría tres cosas:
Confía más en ti, da el 100% y ten constancia: con eso se consigue todo. Y valora muchísimo trabajar con un buen equipo, porque eso es una suerte que no todo el mundo tiene.
A mí me pasó: tuve la suerte de caer en un equipo bueno que me dejó crecer. Pero la constancia y la confianza tuvieron que ponerlas yo.
Por qué un cliente debería confiar en nosotros
Sin marketing ni floritura: porque trabajaré por y para el cliente como si de mí misma se tratara. Esa es la promesa que puedo sostener, y es la que pido a cada miembro del equipo cuando entra a Vivenzia. Lo demás — la web, los certificados, las redes, los premios — son consecuencia. La promesa es la base.
Cordobesa en Sevilla
Soy cordobesa. Mi familia, mi casa segura, sigue estando en Córdoba, vinculada al sector de la construcción que me dio mis primeras pistas. Pero llevo media vida en Sevilla y estoy completamente enamorada de ella. Soy un alma de Córdoba viviendo como cordobesa en Sevilla — y eso, casi sin quererlo, es lo que define cómo trabajo: la disciplina rural del sur del sur, el ritmo y la luz de la capital.
Si estás pensando en comprar, vender, o simplemente quieres consultar algo sobre tu vivienda en Sevilla, escríbenos sin compromiso. Te atiendo yo o alguien del equipo, lo mismo da: la promesa la firmamos los nueve.
— Laura Jiménez, Directora General de Vivenzia Home
